La gran guerra ideológica de las tecnológicas, con un barniz de libertarias, consiste en reducir a la mínima expresión las regulaciones estatales y así poder expandir su dominio sin ataduras ni reproches morales o laborales. En USA ya pueden operar al margen de la ley, privatizando recursos públicos y sin pagar impuestos, siempre y cuando no ataquen al Poder político y, cuando Trump los llame, obedezcan sin preguntar. Son los tentáculos finos de las agencias de inteligencia.
En cuanto a España, las eléctricas reclaman ya una extensión de la autorización
de explotación de los reactores nucleares operativos “para evitar riesgos de
suministro y cumplir los objetivos de descarbonización”, porque sus clientes ya
no somos nosotros, son los centros de datos de Amazon, Meta, Oracle, Microsoft,
Google y Blackstone.
Por otra parte, la tecnología da pie a un
machismo como el que hubo en los pueblos asfixiados por la moral tradicional.
La web italiana Mia Moglie es todo un tutorial talibanés: más de 30.000 hombres
han expuesto en ella los cuerpos de sus mujeres en plena batalla de sus relaciones
amorosas.
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