Ignacio Sánchez-Cuenca nos sugiere este
balance del año que acaba de terminar:
[El Gobierno actual progresista del PSOE, que resiste y persiste, presenta
una buena hoja de servicios, sobre todo si se compara con la que hubo antes de
la llegada de Sánchez al poder. Frente a los
recortes de entonces (en gasto social, en pensiones) y frente a
la desregulación del mercado de trabajo, tenemos ahora una reforma progresista
de las pensiones, un mercado de trabajo más justo y eficiente,
nuevas políticas sociales, etc. La economía, además, atraviesa un ciclo
positivo, con un crecimiento menos desequilibrado que en el pasado. La situación
en Cataluña, gracias a la ley de amnistía y a otras
medidas anteriores, es incomparable a la que hubo durante el último Gobierno de
Mariano Rajoy.
En el “debe”, sin embargo, el Ejecutivo de Sánchez no ha conseguido
apenas nada en materia de vivienda y los indicadores
de desigualdad y pobreza no mejoran. Además, el bloque de
investidura se ha quebrado (distanciamiento de Junts y Podemos) y por eso en
esta legislatura no se han aprobado los presupuestos ni una sola vez. Por otra parte hay una oposición exaltada, desquiciada, que habla más de prostíbulos
y de la familia del presidente que de políticas y alternativas.
Ha creado una burbuja política, la del antisanchismo, que con la colaboración
indispensable de medios y columnistas echados al monte ha llevado el
enfrentamiento y la crispación a cotas desconocidas, Además, hay una ofensiva judicial contra el Gobierno. Es evidente el
activismo político del Tribunal Supremo el que no hace falta entrar en
detalles. El Supremo ha establecido una especie de “barra libre judicial”
gracias a la cual algunos magistrados estén actuando como francotiradores, instruyendo
causas estrafalarias que se estudiarán en el futuro como ejemplos de lawfare.]
Por fin, han salido a la superficie unos cuantos escándalos de corrupción
así como casos de comportamiento machista y acoso sexual de altos
cargos del PSOE y del Gobierno. Pero este problema requiere tratamiento aparte.
En todo caso es un tema transversal, estructural y sistémico, metido en vena,
que sólo puede regenerarse con una educación desde la infancia (algo en lo que
la derecha no querrá colaborar) y que necesitaría de varias generaciones. (Aunque al ritmo que vamos los cambios generacionales ya no son de 30 años o más sino de 15 o menos.)
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