Hace unos días me quedé con las
ganas de comentar un texto sobre los bonobos en que se ponía en duda el
pacifismo maternal que gobierna su sociedad. Porque habían castrado a
dentelladas a un bonobo macho que se había atrevido a violentar a una cría del
grupo. El autor del artículo exigía, por lo visto, que la(s) madre(s) no
reaccionaran violentamente contra la violencia del macho que atacó a la cría,
si querían merecer la calificación de especie pacífica, no está mal. Pero la violencia
que ejercieron contra el macho no contradice su condición pacífica sino que tan
sólo confirma la prevalencia de la sociedad maternal sobre el orden patriarcal.
Y ahora se publica
en Science el resultado de varios experimentos contrastados con los
chimpancés de Ngamba en los que muestran cómo toman decisiones lógicas y cómo
pueden cambiar de opinión sin problemas ante nuevas evidencias, lo que obliga a
considerarlos animales racionales.
Otro de los
experimentos confirmó que elegían las recompensas que se les prometía por lo
que habían visto por encima de por lo que oían (ruidos de cacahuetes dentro de
una caja). Así que bienvenidos al mundo racional, chimpancés de Ngamba y todos los demás.

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