En mi ensayo de LOS DIOSES BAJAN DEL
OLIMPO (Una historia de la Humanidad a través de los mitos griegos, 2 vols. 1994)
ya anuncié su retorno, junto con el de Afrodita, en la década de los años 1960,
ambos en forma de pastilla: él con las anfetaminas, ella con los
anticonceptivos. Alberto Bernabé retoma el asunto, esta vez en su publicación “Dioniso
y lo dionisíaco en la literatura griega arcaica y clásica”, Abada Editores 2025.
No lo puedo recomendar porque no lo he leído. Pero Manuel García lo encomia sin
paliativos. Y califica a Dioniso como el dios más vivo de la cultura griega.
Representado con copa y corona de hiedra, Dionisos(*)
es el dios del éxtasis, del ritual, de la fertilidad, del vino, de las fiestas y
de la locura, de la música y la danza por sus efectos catárticos, y sobre todo
del teatro (en cuyas tragedias no faltaba el chivo, expiatorio?). Por eso es el
dios que me fascina, aunque me identifico más con Hermes, el mensajero de los
dioses, el dios menor de las medidas, de las encrucijadas, de los bandoleros,
guía de los viajes a la muerte.
Dionisos, hijo de Sémele (Luna) y Zeus (o del ombligo de Zeus, emulando
a la mujer reproductora, parturienta), es un dios complejo, ambiguo, bisexual, irracional,
de aspecto afeminado aunque barbudo, salvaje y quebrantador del orden
establecido, que sustituye en el Consejo de los 12 del Olimpo a Hestia, la diosa
domestica(da) del hogar. Queda degradado como Baco en Roma, borracho y poco
más. Pero ese envilecimiento le ocurre también a los demás dioses cuando se
hacen romanos, con la excepción de Ares/Marte, dios de la guerra, que para los
griegos es el “asesino de asesinos” mientras que en la Roma guerrera viste de
ejecutivo con cartera como dios de las obras públicas, puentes y carreteras.
Dionisos no acepta ser rechazado. Al que no lo acepta lo enloquece (a Penteo,
por ejemplo, rey de Tebas, en Las Bacantes). Su séquito lo componen amazonas y sátiros
con tirsos (bastones coronados con piña) que evocan cantando a su dios con los
gritos de evohé! evohé! Integrado en los ritos religiosos de la polis, probablemente
participaba en los misterios panhelénicos de Eleusis, en honor de Deméter, diosa
madre de la fertilidad, emparejado con esta diosa con el sobrenombre de Yaco. De
estos rituales sólo se sabe que los iniciados quedaban místicamente transformados,
LSD mediante (cornezuelo del centeno), abundante en la zona de Megara, a menos
de 20 kms de Atenas.
Conocido también como Eleuterio, es un dios “libertador”
de mucha actualidad por la droga, la cultura audiovisual y el papel relevante que
en su vida juegan las emociones.



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