jueves, 4 de septiembre de 2025

2687 (J 4/9/2025) El retorno de Dioniso, el dios que nunca muere

 

En mi ensayo de LOS DIOSES BAJAN DEL OLIMPO (Una historia de la Humanidad a través de los mitos griegos, 2 vols. 1994) ya anuncié su retorno, junto con el de Afrodita, en la década de los años 1960, ambos en forma de pastilla: él con las anfetaminas, ella con los anticonceptivos. Alberto Bernabé retoma el asunto, esta vez en su publicación “Dioniso y lo dionisíaco en la literatura griega arcaica y clásica”, Abada Editores 2025. No lo puedo recomendar porque no lo he leído. Pero Manuel García lo encomia sin paliativos. Y califica a Dioniso como el dios más vivo de la cultura griega.

           Representado con copa y corona de hiedra, Dionisos(*) es el dios del éxtasis, del ritual, de la fertilidad, del vino, de las fiestas y de la locura, de la música y la danza por sus efectos catárticos, y sobre todo del teatro (en cuyas tragedias no faltaba el chivo, expiatorio?). Por eso es el dios que me fascina, aunque me identifico más con Hermes, el mensajero de los dioses, el dios menor de las medidas, de las encrucijadas, de los bandoleros, guía de los viajes a la muerte.

           Dionisos, hijo de Sémele (Luna) y Zeus (o del ombligo de Zeus, emulando a la mujer reproductora, parturienta), es un dios complejo, ambiguo, bisexual, irracional, de aspecto afeminado aunque barbudo, salvaje y quebrantador del orden establecido, que sustituye en el Consejo de los 12 del Olimpo a Hestia, la diosa domestica(da) del hogar. Queda degradado como Baco en Roma, borracho y poco más. Pero ese envilecimiento le ocurre también a los demás dioses cuando se hacen romanos, con la excepción de Ares/Marte, dios de la guerra, que para los griegos es el “asesino de asesinos” mientras que en la Roma guerrera viste de ejecutivo con cartera como dios de las obras públicas, puentes y carreteras.

           Dionisos no acepta ser rechazado. Al que no lo acepta lo enloquece (a Penteo, por ejemplo, rey de Tebas, en Las Bacantes). Su séquito lo componen amazonas y sátiros con tirsos (bastones coronados con piña) que evocan cantando a su dios con los gritos de evohé! evohé! Integrado en los ritos religiosos de la polis, probablemente participaba en los misterios panhelénicos de Eleusis, en honor de Deméter, diosa madre de la fertilidad, emparejado con esta diosa con el sobrenombre de Yaco. De estos rituales sólo se sabe que los iniciados quedaban místicamente transformados, LSD mediante (cornezuelo del centeno), abundante en la zona de Megara, a menos de 20 kms de Atenas.

            Conocido también como Eleuterio, es un dios “libertador” de mucha actualidad por la droga, la cultura audiovisual y el papel relevante que en su vida juegan las emociones.

  

(*) Dioniso, o Dióniso(s), o Diónyso(s)…, pero no Dionisio.

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