domingo, 29 de septiembre de 2013

819 (D 29/9/13) Cuatro remates de lujo, Millás, Ortiz, Lozano y Torreblanca

Abuelo, abuela... Juan J. Millás, 20.9.13

El Gobierno de Rajoy va a sacar 33.000 millones de euros en apenas nueve años con la "reordenación del sistema de pensiones".
Atención, viejo, anciano, jubilado, atención, abuelo. El Gobierno de Rajoy le va a sacar a usted 33.000 millones de euros en apenas nueve años. Con habilidad de carterista, denominando “reordenación del sistema” a lo que es un atraco anticonstitucional, le meterá mes a mes los dedos índice y corazón en la garganta para que vomite usted la parte alícuota. ¿Qué hará con ella luego? No sabemos, quizá regalársela a los bancos, como lo que se obtuvo de la anterior congelación de las pensiones, que no se iban a tocar al modo en que no se tocarían los impuestos, la sanidad o la educación. Tampoco, por cierto, se daría a los bancos a fondo perdido todo ese dinero que Bankia jamás devolverá.
Pero estábamos en el asunto de las pensiones, la línea roja a la que Rajoy se refería con una carga emocional que te partía el alma. Los ancianos, decía, son demasiado vulnerables para hacerlos objeto de nuestra codicia. Pensaba uno escuchándolo que aún en las organizaciones más crueles hay límites morales que nadie se atreve a traspasar. Pero no es así, viejo, anciano, jubilado, abuelo. Ahora, después de los enfermos crónicos, de los dependientes, de los estudiantes, de los parados, de los trabajadores en activo, vienen por fin ustedes. Y a ustedes se lo vamos a hacer en plan biopsia. Hoy un trocito de hígado para entregárselo encebollado a la Troika, y mañana un pedazo de criadilla para que las autoridades alemanas prueben el sabor de nuestra cocina política. Hay poca cultura gastronómico-visceral en esta Europa. Entreguémosles las suyas, viejo, vieja, anciano, anciana, abuelo, abuela, entreguémosles sus vísceras para levantar la marca España. Sírvanse ustedes mismos, 33.000 millones de auténticas delicias de octogenario español. Ya lo dijo Rajoy, son vulnerables, no pueden defenderse, a la oportunidad la pintan calva.
¿Luz al final del túnel? J.C. Díez Ortiz, 20.9.13
Las exportaciones han iniciado una recuperación tras la brusca caída registrada el pasado invierno y las encuestas industriales anticipan buenas perspectivas para este trimestre. El verano turístico también ha sido bueno, apoyado por la crisis en Egipto. Después de la dura recaída en la recesión de 2012, sin duda son excelentes noticias. No obstante, en 2009 la recuperación de exportaciones fue incluso más intensa y deberíamos haber aprendido que es condición necesaria para salir de la crisis pero no suficiente.
La cruda realidad es que España ha registrado el sexto peor dato de PIB de los 27 países de la Unión Europea en el segundo trimestre. Además el INE nos confirmó que, eliminando el efecto estacional, la economía española sigue destruyendo empleo con mucha intensidad. Solo en el primer semestre de 2013 se han destruido 317.000 empleos asalariados por cuenta ajena. Si los comparamos con los casi 900.000 empleos destruidos en 2012 puede parecer un buen dato, pero en seis meses se han destruido más empleos que en todo 2010 y casi en 2011.
El consumo privado parece que ha encontrado un suelo. Pero las ventas de coches han retrocedido hasta niveles de los años setenta, a pesar del Plan Pive. Las ventas minoristas han vuelto a niveles de 1994 y, tras un desplome histórico en 2012, acumulan una caída del 30% desde 2007. Sin buenas perspectivas para el empleo, devaluación salarial intensificada por la reforma laboral, nueve millones de pensionistas perdiendo capacidad adquisitiva, emigración y caída de población, parados perdiendo la prestación, familias sometidas a restricción de crédito y más recortes que están por llegar, el gasto de las familias seguirá en el fondo durante un periodo prolongado y es vulnerable a recaídas.
Las ventas de viviendas siguen en caída libre, y los precios también, y es comprensible. Las ventas de viviendas siguen en caída libre y los precios también. Con el escenario anterior de renta y de expectativas es comprensible. Además, el aumento de los tipos de interés de las hipotecas hace que el esfuerzo financiero de una familia para comprar una casa haya compensado la caída del precio y si no revierte la restricción de crédito los precios tendrán que seguir cayendo para mejorar la accesibilidad a la compra.
Hemos visto una mejora en la prima de riesgo, al igual que en el resto de países periféricos. Pero es un espejismo ya que la fuga de capitales continúa y son los bancos nacionales los mayores compradores de deuda pública. En el primer semestre, los inversores internacionales han reducido su inversión en bonos y acciones españolas en 16.000 millones. Si lo comparamos con los casi 100.000 millones que salieron de España el primer semestre de 2012 provocados por la crisis de Bankia puede parecer un buen dato. Pero nuestra crisis es de deuda externa, la mayor parte privada, y la hemorragia continúa.
Este deterioro de la capacidad de pago de nuestras empresas y familias ha debilitado aún más a nuestro sistema bancario. Sus márgenes caen, la morosidad aumenta y los precios de las garantías disminuyen, principalmente la vivienda. Esto, junto a sus dificultades para emitir bonos en los mercados internacionales, ayuda a explicar la restricción de crédito tan intensa que padecen nuestras empresas y familias. Solo el pasado mes de julio el crédito se desplomó en 27.000 millones y acumula una caída histórica de casi 300.000 millones en esta legislatura.
Grecia no tiene dinero para pagar las pensiones de septiembre, Portugal necesitará más dinero, la morosidad y la dependencia del BCE de la banca irlandesa es insostenible, nuestro déficit sigue próximo al 7,5% y la deuda pública se aproxima al 100%. Con este panorama, lo más probable es que la luz sea otro tren que viene a arrollarnos. Prudencia.
José Carlos Díez. Profesor de economía de Icade Business School.

Al diablo el consenso, Irene Lozano, 27/9/13

Los ciudadanos desean cambios que profundicen en la democracia (para limpiarla de corrupción y hacerla transparente, responsable y participativa), pero las élites políticas no comparten esa necesidad, pese a toda la retórica en sentido contrario.
En el PP predomina la idea de que resolver la crisis económica apaciguará el malestar ciudadano, por esta democracia demediada, corrupta, opaca e irresponsable que tenemos. Pero los de la cúspide están concentrados en salvar a sus hombres de la cárcel y evitar el descalabro electoral. Mientras, los discrepantes miran con un ojo su desazón y con el otro su carrera política profesional.
Bajo el aura dorada del consenso, podrían garantizarse la impunidad con leyes anticorrupción, asegurarse la opacidad mediante una ley de transparencia, o garantizarse donaciones jugosas con una reforma de la financiación de los partidos. Todo esto podría ocurrir porque los españoles amamos el acuerdo, y porque amparados en el mito del pacto podrían ejecutar su última estafa: simular que el consenso lo encarnan ellos cuando la mayoría ya hemos comprendido que el consenso ha de ser contra ellos.
Tres contratos, J. Ign. Torreblanca, 27/9/2013
Una sociedad se sostiene sobre tres contratos. El primero es el contrato intergeneracional: gracias a él, los que trabajan sostienen a los dependientes, mayores y menores. Aunque a veces se olvide, las pensiones no se pagan con el ahorro generado por los pensionistas mientras trabajaban, sino con los impuestos de los que están trabajando. Esa transferencia masiva de renta entre generaciones (que representará 121.000 millones de euros en España en 2013, el 12% del PIB), es aceptada por la sociedad sin cuestionamiento alguno. Los mayores, como gustan de decir los políticos, son “nuestros” mayores, apuntando a la fortaleza del vínculo identitario y social subyacente en la política de pensiones.
El segundo contrato es el interclasista. Subyacente también a nuestra convivencia está la aceptación de transferencias de renta desde las clases sociales más favorecidas a las menos pudientes (impuestos progresivos). Se trata de las políticas de igualdad de oportunidades (desde la educación hasta la salud) que garantizan (al menos en teoría) que no sea la cuna o la extracción social, sino el mérito, lo que determine la posición (status) de los individuos en la sociedad.
El tercer contrato es el interterritorial. Todo Estado tiene territorios más ricos y más pobres, y no acepta como un orden natural de las cosas que existan y se perpetúen diferencias de riqueza relativa entre sus territorios. Independientemente del debate sobre las causas de esas disparidades y los métodos para atajarlas, el consenso es que hay que corregirlas mediante transferencias de renta de las regiones más ricas a las más pobres y que sin cohesión territorial es imposible mantener la estabilidad y unidad de un país.
(Europa apostó por una economía de mercado, para generar riqueza, con un Estado encargado de redistribuirla mediante la prestación universal y gratuita de servicios públicos tales como la sanidad, la educación o asistenciales.)
La única manera de mantener ese triple contrato vivo será elevar esas tareas al ámbito europeo y reconstruir allí el Estado del bienestar. Cavar trincheras nacionales y parapetarse detrás de ellas no parece la mejor manera de ganarnos el futuro.





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